
Otros sentimos que no solamente se está saldando cuentas con la historia impune, sino también que sólo a partir de ahora podremos sostener la mirada de nuestros hijos al hablar del pasado y del futuro.
Me cansé de decirlo en post anteriores: Bussi sería un cobarde hasta el final. Y volvió a llorar. Y mostró, una vez más, todo su repertorio de cinismo e hipocrecía al sostener que: durante su mandato como gobernador de facto “ningún detenido denunció signos de tortura”.
Es obvio que hubiese preferido que Bussi se pudriera en una cárcel común. Pero no nos engañemos, a los culpables de que ésto no sucediera habrá que rastrearlos en los que impulsaron y votaron las leyes de punto final y obediencia debida.
Pero no por ello la sentencia pierde su innegable valor como reparación histórica y legado a las nuevas generaciones. Brindo por ello.










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